PRENSA ELECTRÓNICA ÁRABE: SIN MÁSCARAS



No cabe duda y como  era/es de esperar, habida cuenta de su éxito, la prensa electrónica en el mundo árabe molesta… o por lo menos no gusta a todos. Y es normal en un mundo en que la inmensa mayoría de los periodistas se han convertido en militantes cuando no en combatientes de causas ajenas y cadenas de radio y televisión en instrumento al servicio de intereses estratégicos de los que las financian.

En Amman, esta es la “sorpresa”, el Nº dos del Consejo nacional de derechos Humanos, Mohamped Sebbar se ha pronunciado como el ministro anfitrión de Comunicación por restricciones en la creación de sitios de actualidad tanto en lo que se refiere a las personas físicas como morales..

Ironía del destino, esto fue durante la segunda edición del Foro de los defensores de la libertad de prensa en el mundo árabe.

Se diría que ha habido alguna confusión entre la libertad de prensa y su antónimo. No. Se trata, así de simple y así de racional de un grave desvió del objetivo inicial y un “desliz” en lo absurdo para transformarse al final en una requisitoria contra la prensa electrónica.

Aquí, como en todo atentado contra la libertad de expresión, el argumento reviste un carácter deontológico: “vacío jurídico” que, según las eternas justificaciones totalitarias “benefician a los ‘intrusos’ que no vacilan en recurrir a la estafa”.

Sebbar ha ido hasta advertir contra lo que ha llamado “peligros de esta situación sobre ‘la paz social’.

E articulo 19 del pacto internacional relativo a los derechos civiles y políticos, aprobado en 1991 por la Asamblea general de Naciones Unidas, que estipula que la libertad de expresión “puede estar sometida a ciertas restricciones que deben, no obstante, ser mencionadas cabalmente  por la ley y que serian necesarias a:

a-   Respeto de los derechos o la reputación del prójimo.

b-   La salvaguarda de la seguridad nacional, el orden publico, la salud de la moralidad publica”.

En Marruecos un borrador sobre el futuro de la prensa electrónica ha sido presentado en abril del 2013. Desde entonces no fue adoptado ni en consejo de gobierno (que preside el primer ministro) ni en consejo de ministros (que preside el Rey). Luego se fue a perderse en  el arsenal de proyectos de ley de las dos cámaras del parlamento.



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