En mi sociedad,
A todas las mujeres
nos quieren buscar marido.
Quieren que, como las
otras,
Formemos nuestro
propio nido.
De lo que no se dan
cuenta,
Es que a nosotras ya
nos zumban los oídos,
Y terminamos
escuchando sus aullidos.
La palabra marido,
Nos suena a un
repetido sonido,
Una contaminación
acústica sin freno,
Comparable con el
veneno,
Con estadísticas de
mujeres solteras a pleno.
Al comienzo de este
partido, yo ya me habré ido,
No pienso esperar
hasta el último pitido,
Porque mi silbido,
Con mis propias manos
fue construido,
Para que con ese maltratador nunca este unida,
Ni en sagrado
matrimonio,
Ni con la bendición del demonio.
Esperare hasta
encontrar a ese hombre,
Con el que formar mi
retoño.
Cuando un hombre se
siente confundido,
Busca consuelo en los suyos,
Y cuando se despierta,
Se da cuenta que ya le
han abducido
Y se siente
arrepentido,
Por haberse confundido,
Con las cosas del amor,
A veces ya es tarde,
Y solo queda dolor.
Mi marido tiene que
ser por mí elegido,
Y de entre todos,
Ser el más distinguido,
Porque ya habrá
aprendido,
Que las habladurías de
la gente,
Se filtran con la
mente.
Y lo mas importante,
Es que repita el
nombre del profeta,
Constantemente.
Tiene que ser además
de creyente,
Divertido.
Que yo me encargare de
mantenerle siempre,
Sorprendido.
Mi marido,
Cuando este aburrido,
No cesara de darle las
gracias a Dios,
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