Era tan inquietante que ha necesitado la intervención del propio rey, quien
dio sus instrucciones a las fuerzas del orden para luchar contra la creciente inseguridad
que invade al país desde hace unos meses.
Peor aun: el recrudecimiento de la violencia y de la inseguridad en las
ciudades marroquíes ha alcanzado una dimensión realmente surrealista con la
aparición en las redes sociales de vulgares delincuentes, a menudo,
dramáticamente muy jóvenes, exhibiendo sus “botines” y sus “arsenales” en un
alarde de desafío claro, directo e inaceptable a la autoridad del estado y a la
quietud de los marroquíes.
Patrullas diarias en los diferentes barrios de las ciudades marroquíes,
lucha contra las redes de fabricación de armas blancas y por último nueva
política de proximidad para “recuperar” la confianza ciudadana.
Nadie, hasta ahora, nos ha revelado las pérdidas en términos financieros y
económicos causados por esta inseguridad a sectores como el turismo o las inversiones nacionales y
extranjeras. No obstante, la intervención del soberano y la inmediata respuesta
de las autoridades securitarias indican que eran/son cuantiosas.
Frente a esta escalada de violencias, el Rey Mohamed VI reacciona y desea
movilizar a las autoridades y a los ciudadanos marroquíes. De este modo,
reuniones entre las autoridades competentes fueron organizadas como cada vez
que el rey toma parte en el asunto, a fin de analizar la situación y tomar las
medidas adecuadas para devolver el orden y la seguridad al país.
Una voluntad de acción y de cambio que se ha caracterizado también por la
suspensión de algunos responsables de la policía.
Marruecos se lo merece…los marroquíes más todavía.
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