A primera vista, la noticia
puede aparecer como normal y hasta ordinaria. Una del montón de las que dan
cuenta constantemente los órganos de prensa oficiales o públicos en Marruecos.
Sin embargo…
Esta es la noticia: El rey
Mohamed VI lanza en la mezquita Al Atiq de Casablanca un programa de lucha
contra el analfabetismo a través la Televisión e Internet.
6000 maestros se van a
encargar de dar los cursos de revisión y de apoyo en las diferentes mezquitas
del reino mientras que 440 coordinadores y consejeros pedagógicos se ocuparán
de la supervisión pedagógica.
Se trata de apoyar el programa
de lucha contra el analfabetismo en las
mezquitas, permitiendo extender y diversificar los medios de aprendizaje en los
lugares de culto musulmanes.
¿Por qué el acontecimiento es
doblemente excepcional?
Por un lado porque junto a la
fe, la sabiduría y el saber son los dos vertientes más importantes en la
religión musulmana:
“Buscad la sabiduría de la
cuna hasta la tumba”. O mas explicito aun: “Los dos bienes más destacables-
dijo el Profeta Mohamed (SAS)- son la
ciencia y la caridad y las dos cosas mas detestables, son la ignorancia y el
egoísmo”.
O incluso: “En el Día del
Juicio Final será pesada la tinta de los sabios y la sangre de los mártires; no
habrá ninguna diferencia entre ellas”.
Este es el Islam: Glorifica el
saber y estigmatiza la ignorancia, aconseja la moderación, la convivencia y la
solidaridad y condena la violencia, el extremismo, el sectarismo, el fanatismo
y el radicalismo.
El imam Chafi’e dijo: “Quien
insiste en su opinión se ha extraviado y quien impone su criterio ha apostatado”.
Por otra parte si hay algo que
detestan realmente los jeques del extremismo y el fundamentalismo es el saber y
la sabiduría de los creyentes en general y de sus adeptos en particular para
poder manipularlos fácilmente en aventuras terroristas o incluso para fines
propios con matices políticos.
Más del 90% del flagelo
terrorista fue/sigue siendo el resultado de la negligencia y la indiferencia de
las autoridades a una concienciación en los templos de culto. Lo que aprovechan
los mercaderes de religión (con ayuda e impulso de muchas potencias
occidentales) para satisfacer sus sangrientas hazañas.
Se trata pues de una misión
con doble finalidad, que de llevarse a cabo de una manera idónea podría
constituir un punto de inflexión en la función del integrismo y el odio.
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