ALFABETIZACIÓN EN LAS MEZQUITAS: EL SABIO PUEDE CAMBIAR DE OPINIÓN, EL NECIO, NUNCA[1]





 

 

 

A primera vista, la noticia puede aparecer como normal y hasta ordinaria. Una del montón de las que dan cuenta constantemente los órganos de prensa oficiales o públicos en Marruecos.

Sin embargo…

Esta es la noticia: El rey Mohamed VI lanza en la mezquita Al Atiq de Casablanca un programa de lucha contra el analfabetismo a través la Televisión e Internet.

6000 maestros se van a encargar de dar los cursos de revisión y de apoyo en las diferentes mezquitas del reino mientras que 440 coordinadores y consejeros pedagógicos se ocuparán de la supervisión pedagógica.

Se trata de apoyar el programa de lucha  contra el analfabetismo en las mezquitas, permitiendo extender y diversificar los medios de aprendizaje en los lugares de culto musulmanes.

¿Por qué el acontecimiento es doblemente excepcional?

Por un lado porque junto a la fe, la sabiduría y el saber son los dos vertientes más importantes en la religión musulmana:

“Buscad la sabiduría de la cuna hasta la tumba”. O mas explicito aun: “Los dos bienes más destacables- dijo el Profeta Mohamed (SAS)-  son la ciencia y la caridad y las dos cosas mas detestables, son la ignorancia y el egoísmo”.

O incluso: “En el Día del Juicio Final será pesada la tinta de los sabios y la sangre de los mártires; no habrá ninguna diferencia entre ellas”.

Este es el Islam: Glorifica el saber y estigmatiza la ignorancia, aconseja la moderación, la convivencia y la solidaridad y condena la violencia, el extremismo, el sectarismo, el fanatismo y el radicalismo.

El imam Chafi’e dijo: “Quien insiste en su opinión se ha extraviado y quien impone su criterio ha apostatado”.

Por otra parte si hay algo que detestan realmente los jeques del extremismo y el fundamentalismo es el saber y la sabiduría de los creyentes en general y de sus adeptos en particular para poder manipularlos fácilmente en aventuras terroristas o incluso para fines propios con matices políticos.

Más del 90% del flagelo terrorista fue/sigue siendo el resultado de la negligencia y la indiferencia de las autoridades a una concienciación en los templos de culto. Lo que aprovechan los mercaderes de religión (con ayuda e impulso de muchas potencias occidentales) para satisfacer sus sangrientas hazañas.

Se trata pues de una misión con doble finalidad, que de llevarse a cabo de una manera idónea podría constituir un punto de inflexión en la función del integrismo y el odio.




[1] Immanuel Kent

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